Mi traducción de «Ulysses» de Alfred, Lord Tennyson
De poco sirve que como rey ocioso en este
callado hogar, entre estas rocas estériles y atado a una esposa anciana yo
imparta leyes a cada uno de estos salvajes, avaros, perezosos, glotones e
irrespetuosos. No puedo dejar de viajar. Voy a vivir todo lo que pueda. He
disfrutado mucho en todo momento; he sufrido de todo, tanto con quienes me han
amado y en soledad, en tierra firme y cuando entre fuertes corrientes las
lluviosas Híades alteraban al calmo mar. Me he hecho famoso, pues andando
siempre con un corazón ansioso es mucho lo que he visto y conocido: ciudades,
tradiciones, climas, concejos, y gobiernos por mí mismo y honrado por todos, y
el embriago del fragor de la batalla junto a mis pares entre los vientos de las
lejanas planicies troyanas. Soy parte de todo cuanto he conocido. Mas toda
experiencia no es más que un portal a través del cual brilla ese mundo que no
he visto cuya frontera se desvanece siempre y cada vez que me muevo. ¡Cuán
aburrido es detenerse, fijar un final, dejarse morir, cesar de ser útil! ¡Como
si respirar fuera vivir! ¡La vida por la vida misma es muy poco y de eso no
gano nada! Pero cada momento escapa de ese silencio eterno, hay algo más, un
heraldo de cosas nuevas, y cuán vil sería guardar por unos tres años este
espíritu viejo pero lleno de deseo de perseguir el conocimiento cual a una
estrella hasta el mismo límite del pensamiento humano.
He aquí a mi hijo, mi Telémaco, a quien lego el
cetro y la isla: amado por mí, competente para hacer el trabajo, gentil y capaz
de dominar a este pueblo rudo y hacerlo productivo y bueno. Es un chico sin
maldad, bien educado y muy obediente que pagará tributo a mis dioses en mi
ausencia. Él hará su labor y yo haré la mía.
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